Me miré, como muchas veces lo hago (cada uno con su ego, grade o pequeño) y me di cuenta que soy un reloj, pero tengo fallas, las peores que puede tener un reloj: solo indico los segundos, me faltan manecillas. Lo pensé y creo que será porque yo en cada cuarta parte, mitad de un segundo, puedo resultar herida, muy fácil, demasiado fácil, como cuando rompes una flor y piensas que no le harás daño, pero antes de levantarlo y ponerla en tus manos, ya los pétalos se cayeron al suelo.

La fuerza de lo que decimos y que no, es muy grande, es una fuerza que me da miedo. Bueno, a mi, este pobre reloj, me han arrancado el horero hace mucho tiempo. ¿Cómo? Las palabras me lo robaron.

El minutero no recuerdo como se ha ido, supongo que no era tan importante, porque si nos extirpan un órgano vital del organismo, nos morimos, y no me morí, ni me desmaye. Y aquí estoy con el segundario, en otras palabras un reloj que no sirve, pero a este reloj que tiene solo una manecilla bajo la manga (“grande” as me conseguí), Dios quiere utilizar, a esta inútil según el mundo. ¿Que otra prueba quiero de la gracia de Dios? Así que eliminemos las voces de nuestras mentes que nos dicen que no podemos, porque no tenemos nada, y no somos nadie, porque Dios es nuestro todo.

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Author Georgia Blidar

Rumana de nacimiento, pero peregrina en esta tierra, hoy estoy radicada en Chile junto a mi esposo Abraham Serey, comenzando una nueva vida. Soy apasionada por la lectura y me gusta escribir, el idioma rumano es mi lengua materna pero escribiré en español, uno de los cinco idiomas provenientes del latín. De profesión soy periodista así que desde aquí comenzaré a comunicar lo que la Gracia de Dios nos permita compartir.

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